Holden Cauldfield no dormirá: reflexiones sobre la experiencia adolescente en El Guardián entre el Centeno a partir de las ideas de Donald Winnicott

 Introducción

“Entonces tenía dieciséis años y ahora tengo diecisiete, pero a veces parece que tuviera trece”

Holden Cauldfield, personaje principal de la novela de J.D.Salinger, ha quedado en el imaginario de la literatura como uno de les enfants terribles más reconocidos. A partir de la lectura de El guardián entre el centeno podemos identificar elementos que, a pesar de lo más de 70 años que van desde su publicación, siguen siendo contingentes en las diferentes experiencias de la adolescencia contemporánea.

Un punto de partida es reconocer que no existe una adolescencia homogénea ni generalizable. Dicha categoría, lejos de limitarse a una etapa del desarrollo, debiese ser considerada en un sentido complejo e históricamente situado. En este sentido, existen múltiples formas de vivir la adolescencia, dependiendo de factores tales como la época, el contexto sociocultural, el género o la clase (Dávila,2005). Aun así, desde nuestro posicionamiento occidental, reconocemos que existen ciertos conflictos, hitos, cuestionamientos internos, pero también prejuicios generalizados que, de algún modo, persisten en el tiempo.

No se pretende sostener que Holden sea un arquetipo adolescente ni siquiera el modelo del joven contemporáneo, pero sí que al analizar sus ideas y actuar emergen reflexiones que siguen interrogando a jóvenes y adultos del siglo XXI. Para emprender este análisis, se ha considerado algunas de las formulaciones del psicoanalista Donald Winnicot, principalmente en lo que se refiere a la comprensión de la adolescencia calificada frecuentemente como “disruptiva”, pero que, lejos de cualquier pretensión clasificadora, el autor prefiere asociarla a una “fase de desaliento malhumorado” (Winnicot, 1990).

El presente artículo desarrolla un análisis interpretativo de la obra de Salinger con la intención de proyectar puntos en común con las ideas de Winnicott que sirvan para fundamentar un abordaje diferente hacia la adolescencia de nuestra época, particularmente desde el ámbito educativo. El objetivo, por tanto, trasciende el análisis exclusivamente literario para proponer una mirada más abierta y comprensiva con respecto a la relación entre adultos y jóvenes y las distintas manifestaciones de malestar adolescente que continúan interpelándonos.

La juventud no dormirá /el no dormir como posibilidad

La errancia de Holden desde que es expulsado de Pencey hasta que llega a la casa de sus padres no es solo física, evidentemente un principio de las denominadas novelas de formación es que el lector pueda conocer al personaje en su interioridad y ser espectador de su evolución. La narración en primera persona nos permite acompañar directamente a Holden en sus reflexiones, así como también en aquellos momentos de repentina tristeza que emergen ante las cosas más triviales.

En un artículo de asombrosa vigencia que aborda la conducta antisocial en la adolescencia, Winnicott (1990) toma como referencia una cita de la obra Cuento de invierno, publicada en 1623 por Shakespeare. El autor se centra en la siguiente cita:

Desearía que no hubiese edad intermedia entre los 16 y 23 años o que la juventud durmiera hasta hartarse, porque nada hay entre esas edades como no sea dejar embarazadas a las chicas, agraviar a los ancianos, robar y pelear (Shakespeare, 1963, p.20).

Winnicott (1990) plantea que en su época algunos adultos desearían que la juventud durmiese desde los 12 años hasta los 20. Pues bien, ya sea desde los 12 o desde los 16, para muchos Holden debería estar durmiendo, pese a que, literalmente no lo hace hasta el capítulo 14, es decir, casi a la mitad de la novela y se trata a penas de un breve sueño antes de comenzar su marcha nuevamente. Justamente gracias a este movimiento incesante, el joven protagonista es capaz de reflexionar desde el inexorable paso del tiempo hasta el destino de los patos cuando el lago del Central Park se congela. Este estado de vigilia, además, le permite entristecerse ante trivialidades, contradecirse, irritar a sus compañeros, intentar vínculos que resultan infructuosos, pero también ser capaz de las más genuinas muestras de afecto y sinceridad.

Frente a quienes proponen el sueño inmovilizante como respuesta a lo disruptivo de la juventud, Winnicott (1990) sostiene que solo el tiempo y la madurez que adquiera el joven en este proceso solucionará lo problemático. Su postura, acorde a su posicionamiento como psicoanalista, es escuchar el síntoma en lugar de silenciarlo. Junto con esto, “la tarea permanente de la sociedad, con respecto a los jóvenes, es sostenerlos y contenerlos, evitando a la vez la solución falsa y esa indignación moral nacida de la envidia del vigor y la frescura juveniles” (p.107).

Advertimos que un principio fundamental en la relación con los adolescentes es que el adulto no puede eludir su responsabilidad con los más jóvenes y que sostener no implica justificarlo todo. Sobre esta base y evitando todo prejuicio e idealismo, bien podemos considerar los conflictos de la adolescencia en su potencialidad para dar paso a algo distinto.

Holden frente a sí mismo

Difícilmente se podría afirmar que Holden es un indiferente o que prima en él la apatía. A lo largo de la novela vemos constantemente que, aun con naturales contradicciones, en él existe un posicionamiento claro frente a lo que acontece. Identificamos fácilmente aquello que le molesta, pero también ciertos valores o principios que sustentan su actuar, pero que resultan incómodos para el resto.

Se afirma frecuentemente que la principal tarea de la adolescencia es construir una identidad. Winnicott (1990) señala que “la adolescencia en sí es un periodo de descubrimiento personal, en el que cada individuo participa de manera comprometida en una experiencia de vida, un problema concerniente al hecho de existir y al establecimiento de una identidad” (p.98).

Además de esto, el joven debe enfrentar la tarea de desligarse progresivamente del núcleo familiar y abrirse a las relaciones de tipo exogámicas. Debido a esto, el grupo de pares, las relaciones amorosas y las disputas generaciones son elementos constituyentes de ese proceso formativo. Y, tal como afirma Winnicott (1990), estos conflictos más que problemas, debiesen ser considerados por la sociedad como parte natural de su propio desarrollo.

Por otra parte, siguiendo a Larraín (2003) entendemos la construcción de la identidad como un proceso que no se inicia en la adolescencia, sino que es constante a través del tiempo y que se construye a partir de la relación entre el individuo y factores socioculturales (clase social, etnia, género, cultura, etc.), aspectos materiales (cuerpo, vestimenta, estilo, objetos significativos) y la relación con otros.

Sin entrar en un análisis exhaustivo de estos factores, se expondrán algunas ideas que permiten comprender cómo Holden se ve a sí mismo y a quienes lo rodean.


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