El siguiente artículo contiene spoilers de la película
Close (2022) es una película belga dirigida por Lukas Dhont. En ella, se nos presenta a la relación entre Rémi y Leo, dos amigos de aproximadamente 13 años, que deben enfrentar su paso a la escuela secundaria y la ruptura de un vínculo que parecía inquebrantable. La primera parte de la película nos muestra una amistad de años, marcada por la cercanía tanto afectiva como física, pues ambos amigos, además de ser vecinos, se conocen desde pequeños. Tanto es así, que la madre de Rémi considera a Leo su fils de coeur.
Lamentablemente, Close corre el riesgo de ser rápidamente reducida a una película sobre el amor no correspondido entre amigos, algunos, incluso, simplemente la catalogaron como una “película lgbti” más. Si existe o no una atracción más allá de la amistad, será terreno de la interpretación. Sin embargo, la película no se agota en aquello. Bien podríamos decir que el eje de Close es el duelo, pero un duelo que se anticipa a la muerte real y definitiva. Esa es la perspectiva que preferí adoptar en el siguiente análisis.
Los duelos de la adolescencia
Para Freud, el duelo es la reacción natural ante la pérdida de un ser amado o de una abstracción equivalente. En algunos casos, el duelo puede transformarse en melancolía o bien, superarse con el paso del tiempo.
Otros autores, como Aberastury hablan de los duelos de la adolescencia, es decir, al menos 3 pérdidas que el niño-púber debe enfrentar en su crecimiento. El primero, se refiere al duelo por la pérdida del cuerpo infantil. Junto con este, encontramos también los duelos por la pérdida del rol y la identidad infantil y, por último, por la desidealización de los padres de la infancia.
Matizando esta postura, Urribarri señala que en realidad el adolescente no pierde, sino que cambia. En este sentido, lo que se experimenta es una transformación que es vivida por el niño de forma ambivalente, pues convive tanto con el miedo y la desorientación ante la pérdida de la infancia como también con el ansia por lo nuevo. Es decir, no podríamos hablar directamente de duelos, pero sí de cambios importantes que afectan su constitución subjetiva.
La primera escena de Close nos sitúa todavía en el ámbito de la niñez. Leo y Rémi recrean una fantasía muy propia de los juegos infantiles: imaginar que están siendo perseguidos. Desde esta primera escena, hasta su primer día en la escuela, evidenciamos un vínculo tan cercano como “cerrado” en sí mismo. Leo y Rémi se encuentran en un terreno conocido, los días pasan entre juegos, almuerzos en familia, instancias familiares compartidas y noches durmiendo juntos.
Pero entonces, llega el momento de enfrentar una tarea crucial para todo niño que se encamina a la adolescencia: la separación cada vez mayor del núcleo familiar y la emergencia de relaciones exogámicas. Por eso, en la adolescencia el grupo de pares cobra especial sentido en tanto fundamento para la construcción de una identidad que deja progresivamente atrás la infancia. Algo así como una actualización de esa otra gran separación que vive el niño cuando se rompe el lazo total con la madre (o quien cumpla ese rol).
Leo y Rémi no solo experimentan lo que implica ser nuevo en una escuela, sino la irrupción del Otro que lo desestabiliza todo (sí, el Otro con mayúscula al que se refiere Lacan). “¿Ustedes están juntos?” pregunta una compañera a Leo, quién busca aclarar que siempre han sido amigos, pero las risas de fondo parecen abarcarlo todo. Basta una frase final: “quizás no lo asumen” para que la cercanía se rompa irremediablemente y la mirada del Otro se vuelva omnipotente. Así, Leo y Rémi aprenden rápidamente que no hay lugar para manifestaciones de cariño que no sean aquellas que la heteronorma considera válidas entre hombres.
El cambio, principalmente por parte de Leo, es inminente. Los otros compañeros, así como el hokey se tornan un refugio ante la presencia ahora incómoda de su mejor amigo. En otra escena, vemos como Rémi intenta reavivar el juego de las persecuciones, pero Leo rompe definitivamente el pacto que implica el juego imaginario. Ahora el Otro no solo está en la escuela, sino que ha invadido los espacios en otro tiempo íntimos. Pese a esto, el rechazo definitivo y, quizás el que más hiere a Rémi, se produce cuando Leo prefiere dormir en una cama distinta. Vendrán luego otras formas de marcar la distancia: Leo deja de quedarse a dormir en su casa, se muestra retisente a que lo vaya a ver mientras juega hokey, prefiere no integrarlo a sus nuevas amistades y, finalmente, no lo espera durante la mañana para llegar juntos a la escuela.
A partir de entonces, solo queda esperar el paso al acto definitivo, aquel que el propio Leo advierte desde el momento en que nota la ausencia de Rémi en el paseo escolar. La confirmación final es vivida de forma totalmente realista, quizás sin exageraciones, porque toda palabra, todo gesto es insuficiente para expresar ese encuentro con lo real de la muerte.
Desde ese momento, no sabemos más de Rémi y es que, tal como menciona Massimo Recalcati en El secreto del hijo, nunca podremos ahondar totalmente en aquel secreto que todo adolescente lleva consigo y que, en este caso, tiene un desenlace fatal. En tanto espectadores, nos quedamos tan solo con la imagen de ese niño herido que unos días antes lloraba durante el desayuno su primer rechazo. Por otra parte, el trabajo de Leo es, a partir de ahora, vivir el duelo. Ante la pérdida de su mejor amigo, pero también el de su propia infancia.
Una importante enseñanza del psicoanálisis es que lo reprimido tarde o temprano retorna. Al día siguiente de la muerte de su amigo, Leo va a la escuela y también al hokey, prefiere no hablar mucho en las sesiones de reflexión que se dan en la escuela, probablemente como una forma de continuar sin dejarse vencer por el dolor. Leo evade porque un acercamiento más directo a la muerte de su amigo supone también el resurgimiento de la culpa, pero entonces lo reprimido retorna: se cae mientras juega hokey, no puede dormir durante las noches, moja la cama, le molesta la trivialidad con que sus compañeros hablan de Rémi, se fractura un brazo y llora frente al médico y a su padre todo lo que no había llorado.
Sin embargo, Leo sabe que no puede evadir para siempre y busca a la madre de Rémi, probablemente con la intención de saldar alguna deuda. Esta lo invita a su casa, a la habitación de su hijo, incluso le ofrece llevarse lo que quiera para mantener vivo el recuerdo. Entonces, la madre realiza la pregunta que incomoda: ¿qué pasó entre ustedes?
Los días pasan, Leo intenta divertirse con sus amigos, pero siempre sobreviene la tristeza como recordatorio de que los duelos toman tiempo. Termina el año escolar y Leo siente que es momento de hablar nuevamente con la madre de Rémi. Por fin logra verbalizar lo que no quería ser dicho: “fue mi culpa, yo lo rechacé”. Evidentemente espera un castigo. Toma una rama para defenderse porque para él, lo esperable es ser agredido, pero, en lugar de eso, la madre de Remi ofrece un abrazo a su fils de coeur, quien solo entonces comienza a liberarse.

Close no es la primera película que retrata amistades íntimas ni se refiere al duelo, pero algo hay en ella que logra conmover. Más allá de las metáforas visuales (la transformación de las flores o el yeso), quizás su interpelación más directa y dolorosa es recordarnos que los duelos son inevitables y que para bien o para mal, estamos constituidos por el discurso del Otro.
Las imágenes finales son, a fin de cuenta, esperables. La familia de Rémi se va y Leo se encuentra ante una casa vacía, aquella en la que tantas veces compartió juegos, risas, contención y noches de cercanía. Las flores del trabajo familiar vuelven a florecer y a Leo no le queda más que seguir viviendo.

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